En casi todos los sectores el ego es un defecto. En publicidad es un requisito de trabajo. Sin una dosis razonable de ego no defiendes tus ideas, no sobrevives al proceso de aprobación y no convences a nadie de que tu trabajo vale la pena.

Pero el mismo ego que te hace defender tu trabajo también puede hacerte incapaz de escuchar, de ceder cuando hay que ceder y de crecer más allá de donde ya estás. Es el activo más doble filo de toda la industria creativa.

2 tipos
de ego existen en publicidad: el que protege el trabajo y el que protege al creativo. El primero es necesario. El segundo es lo que destruye carreras.

El ego que necesitas

Cuando entras en una sala de presentación con una campaña que has estado desarrollando durante tres semanas, el cliente va a tener dudas. El director creativo va a tener comentarios. El de cuentas va a tener "un par de ajustes". Si no tienes ego suficiente para sostener la idea frente a todo eso, la idea va a morir despedazada por personas que tienen muy buenas razones para ser conservadoras.

El ego sano es el que te dice: "Esta idea es buena y vale la pena defenderla." Es el que te da energía para argumentar, para buscar la evidencia que respalda tu posición, para reformular la misma idea de cinco maneras distintas hasta que alguien la entienda.

"Los creativos sin ego no hacen buen trabajo. Los creativos con demasiado ego tampoco. La diferencia está en a qué le aplicas ese ego."

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El ego que te destruye

El problema empieza cuando el ego deja de defender el trabajo y empieza a defender al creativo. Son dos cosas muy diferentes.

Defender el trabajo significa: "Esta idea es la mejor solución para este problema." Defender al creativo significa: "Si aceptan el cambio que propone el cliente, estoy admitiendo que me equivoqué." El primero es profesional. El segundo es personal — y cuando una decisión se vuelve personal, ya no puedes pensar con claridad.

Ego que protege el trabajo

"Creo que si cambiamos esto perdemos el núcleo de la idea. ¿Podemos explorar otra manera de resolver la preocupación que tienes?"

Ego que protege al creativo

"No, es que no lo estáis entendiendo. La idea funciona exactamente así. Si lo cambiáis, ya no es lo mismo y no me hago responsable."

Las señales de que tu ego está jugando en tu contra

Te molesta que alguien critique tu trabajo aunque tengan razón
Cuando te hacen un comentario, tu primera reacción es buscar por qué están equivocados
Presentas siempre las ideas tuyas con más energía que las de tu dupla
Te resulta difícil decir "tienes razón" en una discusión sobre trabajo
Sientes alivio cuando una idea de otro creativo no funciona
Interpretas el feedback del cliente como falta de comprensión, no como información útil

Cómo calibrar el ego

La clave está en aprender a separar el valor del trabajo del valor propio. Tu trabajo puede ser malo sin que tú seas malo. Tu idea puede fallar sin que tú falles. Esta separación parece obvia escrita así, pero en el calor de una sesión de feedback es extraordinariamente difícil de mantener.

Una técnica que usan muchos creativos experimentados es preguntarse: "¿Estoy defendiendo esto porque creo que es la mejor solución para el problema, o porque es mi idea?" Si la respuesta honesta es la segunda, es el momento de soltar.

Ejercicio de calibración de ego
1

La próxima vez que recibas feedback negativo, espera 10 segundos antes de responder. Solo para interrumpir la reacción automática.

2

Repite el comentario en voz alta o por dentro, pero en positivo: "Entonces lo que necesitas es X." Transforma la crítica en necesidad.

3

Pregúntate: si esta idea la hubiera hecho otro creativo y yo fuera el DC, ¿aceptaría el feedback? Si la respuesta es sí, acepta el feedback.

4

Después de la sesión, anota qué comentarios rechazaste y por qué. Revísalos al día siguiente — con distancia emocional suelen verse de forma diferente.

El ego y la jerarquía

Hay un momento específico en la carrera publicitaria donde el ego puede hacer más daño: cuando eres junior. No porque los juniors tengan más ego — sino porque tienen menos herramientas para canalizarlo bien.

Un DC con veinte años de experiencia y un ego grande sabe exactamente cuándo defenderlo y cuándo soltarlo. Tiene la seguridad suficiente para ceder en lo pequeño y guardar la energía para lo que importa. Un junior con el mismo ego pero sin esa calibración va a gastarlo en todas las batallas — incluidas las que no merecen la pena — y va a quedar como alguien difícil de trabajar antes de haber demostrado que su criterio merece esa confianza.

La reputación en publicidad se construye lentamente. Y pocas cosas la dañan tan rápido como ser el creativo que no sabe cuándo escuchar.